18 de agosto de 2008

Es una mañana extraña

Es una mañana extraña

Es una mañana extraña,
uno no amanece con un funeral en la garganta cada sábado,
pero este sábado,
resulta que siento que mis lágrimas tienen forma de margaritas,
para llover sobre tu frágil, etérea escencia.
Este sábado hallaré en tu patio rostros,
como poemas, como lunas, guitarras, mates, madrugadas,
estará Abel sentado en la escalera,
y a Alicia la presiento yendo y viniendo,
del espejo al timbre de la puerta,
del conejo a tu perro encantado.
Es un día para que los duendes anden descalzos,
sus botas de fantasía las veo en el rojo piso de tu cuarto.
Yo quiero quedarme en él, envolverme con tus paredes de cometas y estrellas.
De tantas recetas que escribiste,
ayudame a encontrar la que enseña cómo se asiste al funeral de las hadas.
Ya sé, dirías: "mi niña, mi negri, pasá tus manos a modo de caricia
por mis llamadores de ángeles y nombrame.
De inmediato aparecerán las respuestas"
Insisto, amanecí con una despedida pendiente,
y creo que en tules azules llegaré al lugar de la cita.
Voy a encontrarte dormida en tu jardín de malvones...


Descasá Ro, estamos todos bien, vos descansá y simplemente alumbranos

5 comentarios:

La Hija del Capitán dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
La Hija del Capitán dijo...

Es así, princesa, ella se fue pero nos dejó a todos muy juntitos, dispersos por el mundo pero juntos.
Hermosas palabras.
Gracias

Carina dijo...

Siii, tenés razón Ceci, esa ue su última tarea, o una de las últimas, supongo...

Te quiero muchooo


Cari

Anónimo dijo...

El problema es tener amigos.


Y los amigos, como los rios,
terminan defluando mares.

Yo, por ejemplo,
tomaba mate y sopa de zapallo.
Tenía frío y no me sobraban monedas.
Pero esa amiga estaba allí.

A veces, como los volcanes,
las venas exbroptan truendes,
y los amigos
siedran la buerta em suabe silensio de banduflas.

Yo tenía una rayuela llena de gatos
que se colgó, sin aviso,
de un cometa rumbo a Limuria.

Como decir entonces
de los participios partidos
la circunstancia de un adverbio
la quietud de un verbo
la vaciedad de un nombre.

Quise llorar las cenizas de los pájaros,
pero ni pude montar aquel viejo parapente que colgaba detras del espejo junto a esas florcitas de sintético por encima de la canilla.

Es cierto.
Los panqueques nunca saberán lo mismo.



5 de octubre de 2008 21:02

Carina dijo...

Gracias amigo por tu paso, por tu concepto tanparticula sobre la amistad

Un abrazo

Carina