25 de noviembre de 2007


Dolor
No puedo explicarlo con otra palabra.
Quieren escaparse las lágrimas
En el instante en que veo tu gozo,
Tus dientes apretados,
Tus ojos oscuro, noche de vientos,
Necesitados de amor.
Tus ojos mis ojos, dolor.

No quiero mas bálsamo
Que la maravilla de tu boca
Rozando la mía.
No quiero mas voluntad
Que la de ir hacia tu cuerpo
Por laberintos de estrellas.

Este dolor de quedarme
Parada en la vereda,
Viéndote partir,
Me abre el pecho,
Amapola de mil pétalos
Acariciando mi corazón.

23 de noviembre de 2007


Cangrejo de otoño despertando a las mariposas.
Las hadas verdes acuden a vos, te refrescan de clorofila,
Y sonríen , cuando intentás acariciarlas
Con tus pequeñas tenazas.
Cangrejo triste, te encontré en mis aguas una tarde,
Y un arco iris se dibujó en mi garganta.
Un camino de aguamarinas trazaste
En tu intento por llegar a la morada de los elfos.
Te detuve, te ví cansado, y quise liberarte de tanta sal,
Tanto estropicio de corales.

Te busco, cangrejo de otoño, cada amanecer,
Y repito tu nombre, porque me gusta,
Porque me suena a cascabel, a luz, a estrella.

Te busco, y se me mete en la piel
Tu olor de arenas nocturnas,
Y en el pecho, tus espasmos de amor.

3 de noviembre de 2007

A veces conocemos personas
Que sólo nos recuerdan
A un montón de botones de colores
Desparramados sobre una mesa,
Haciendo mucho ruido cuando los volcamos

Y de repente, el silencio.

A veces conocemos personas
Que se nos confunden con el viento
Las ponemos bajo una lupa
Y tan sólo vemos ampliadas
Las letras en las etiquetas de sus ropas.

A veces conocemos personas
Que vienen a nosotros como los accidentes:
Fatales, trayendo dolor, incertidumbre.

Sólo a veces pasa
Que se nos llena el alma de libros
Y se nos cuelgan del cabello
Escarabajos multicolores,
Sólo a veces, nos besa en una plaza
La luna blanca de la tarde.

“La cúspide de tus llamas”
es el suelo que sobrevuelan mis mariposas.

A veces pasa que conocemos personas
Que dejan sus zapatos en la tierra
Y salen con nosotros a girar
Por el universo

Sos agua, sos luz, materia estelar.

No sé dónde estabas, mientras yo
Acarreaba valijas grises
Y sustantivos inútiles.

20 de octubre de 2007


Lo irreversible, no es que me hayas mirado alguna vez,
sino el dolor que me causa que lo niegues.

El dolor juega hambriento con el cuerpo
huracán levantando cimientos.

Irreversible es la marca que quedó en mí
tras esquivar los escombros.

No es que te necesite
pero si estás, tendeme puentes,
trenzame hilos de colores,
y tiralos al fondo del pozo

porque esta oscuridad
me desarma
y me voy acostumbrando...

15 de octubre de 2007

La banderita de un taxi: libre,
la lluvia iluminada por la luz de la calle,
la hora en el celular: 05:00 am
tus ojos mis ojos
frenada del colectivo
pronto amanece
se me borran las palabras,
ni siquiera un "buen día"


Tus pasos,
tus ojos de nuevo
boca de desayuno,
silencio.


No espero nada nuevo
laberinto de pasillos
y el milagro de tu voz a media mañana.
Tu cara que es mía
porque fijate que la contengo de reojo,
la retengo para mí,
para el resto del día sin vos.

Te amo

Nunca me salió tartamudear
y ahora como si nada, trabo las sílabas
tu nombre se me atraganta.

Niño, vida...
Dame por un segundo
el aire que te rodea
dame treinta centímetros de distancia
de mis manos a tu camisa.

29 de septiembre de 2007

Nora


Nora atravesando el espacio del espejo
Nora
volvió a escapárseme entre luces blancas y azules.
Soñé con esa muñeca hace unas noches,
y la acaricié.
Es inverosíml esta imagen,
el vestido a lunares
mamá recostada en la sombra d ela escalera
y yo queriendo encerrarla en la semioscurdad.
Sobre la espalda
el cabello de la niña
se desenreda despacio
a las once y media.
Mamá arroz, manteca
el vestido a lunares,
las tablas planchadas del delantal.
Encontrarte Nora
atravesando la luz azul.
La única.
mamá dormida en el espacio malvón
vestido de lino,
la muñeca.
Pasillo, madreselva
Nora.
Desenreda despacio
el cabello de su niña
arroz, manteca,
las tablas planchadas del delantal
de su niña,
a las once y media.

22 de septiembre de 2007

Por terrazas blancas, Leandro


Seguir a Leandro por terrazas que no existen

pero que igual perfuman de malvones

macetas de barro

mosaicos blancos.

Terrazas laberínticas,

infinitas escaleras me acercan

y me alejan.

Salgo de la sombra

y hago la luz

con mis pasos temblorosos.

Leandro aguarda en su lecho

de infinitos sudores

de mujeres de senos blancos y blandos,

lecho hambriento.

Corre Leandro, se me escapa entre los monumentos,

cerca de los cementerios.

Y yo grito que dónde, Leandro,

dónde estás.

A dónde vas,

con tu cabeza desordenada en el viento.

Te abrazan las mujeres floridas

atestadas de colgantes y anillos.

Gitanas

y yo en la terraza, llorando escaleras que no llego.

No llego a tu lecho.

Me arrastro, tomo la punta de una manta

y Leandro estás solo,

fugado de las danzas carnales.

Las mujeres caen escaleras abajo

y es un solo estruendo Leandro,

lentamente, como balsa en el río,

meciendo mi cuerpo.