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Mi amor tiene frío esta noche,
las estrellas lo han empujado hacia el abismo,
se congela en la madrugada,
espera la caricia del amanecer,
tus dedos cinceles desnuda yo,
desnudo vos, la talla de mi cuerpo,
mis pechos, y el sol recién aparecido,
escultor de mis caderas, mis piernas,
mi sueño de mujer amada, maleable,
suave mujer para trabajar sobre mí.
Pero no, mi amor está en la sombra, no brilla,
la lluvia lo desvanece,
das la espalda a esa flor violeta abriéndose,
te la perdés.
Mi amor duerme sin sueños esta noche,
la luna lo vela, lo sabe infeliz, vulnerable.
Esta noche el verbo se me escapa,
llueve mucho y se me transparenta el corazón,
la piel se me va por la ventana y quiere
colorse en tu cuarto, respirar tu olor,
mezclarse con tu piel en la oscuridad.
Me pediste un poema y se me ocurre
darte este viento que florece en un nubarrón,
estas plantas, el barro brilloso, y mágico.
se me ocurre darte un abrazo de serpentina
para que los colores acompañen tu sueño.
Yo no sueño esta noche, no duermo.
Esta noche tu mirada está en otra parte,
por eso el insomnio, las estrellas escondidas.
Soñé, te lo dije, con frascos sucios,
mal presagio, malos frascos guardando secretos,
malo el poema que viene a darse
la cabeza contra la pared.
Te quiero, sabelo, nadie te quiere asi,
ahora entiendo: era mi amor dentro de los frascos,
mi amor yéndose por la rejilla de tu cocina.
te quiero, parame la tormenta que me inunda,
no seas espectador, venite a mis orillas,
vení a treparte en mi espalda, volame este miedo
de morir antes de que me amen.
A esta hora me suelto el pelo,
creo que flotan en mi cocina flores de maravilla,
porque también la noche es suelta,
de estrellas, y planetas cercanos a mi soledad.
Mercurio pretérito adueñado de mi poesía,
Marte fiel a mi locura,
Jupiter presagiando mi madrugada
soñando con vos.
Suelto mi pelo a esta hora
porque hay un ser océanico en mí
que lo pide,
acuario atraviesa mi patio, mi ventana, mi piel,
y duerme suelto, azabache, sin besos,
mi pelo en la sombra.
Acá estoy, mirame,
desnuda y dormida en la madrugada,
tengo en la frente una flor que va abriéndose,
descubrime porque la savia me inunda
y me despierto.
Te quiero, intercambiemos destellos,
que si me apago, estaré habitando en tu paladar.
Mostrame vos también las estrellas,
pintame vestidos con los que pueda
parecerme a la noche,
emigrada de la falsa purpurina,
de las nubes plomizas del llanto.
Pintame verde mar y explorame,
rezumante de hipocampos,
haceme pequeña
y meteme en el cofre oscurito
de tu amanecer.
Hay una princesa con un manto verde,
escondida en el fondo de un pozo,
Ella es luz, el pozo está a oscuras.
Se ha sumergido en esta profundidad,
como castigo:
Parece que la princesa no sabe amar.
Debajo de su manto verde lleva los recuerdos,
los colores del príncipe, guardados en cuencos,
mezcla los tonos rosados del amanecer,
con los dorados del otoño,
y decide dormir allí, acurrucada en esa fusión.
Nadie habrá de encontrarla,
No quiere salir.
Nadie la ama, porque ella guarda todo
debajo de su manto.
No sabe dar...
Una princesa se duerme sola en un pozo sin luz,
cubierta de otoño y estrellas negras.
Te estoy esperando,
extraño tu cuerpo acurrucado junto al mío,
tus ojos entornados,
tu pelo, acostumbrado a mis caricias.
Por momentos, alejás este miedo a la muerte,
esta soledad que me envuelve,
nube violeta, densa,
y mis ojos tristes.
Acá estoy,
mi piel en medio de la noche,
clava tu nombre en una flecha,
voraz, encendida.
Soy una flor, flotando entre camalotes,
viajo hacia la noche de inmensa luna,
pétalos bien abiertos, atenta,
esperando la lluvia.
No sé mi destino,
el amor me sorprende llegando el alba,
me sacude, me deja tiritando,
me toma entre sus manos,
soy una flor dormida,
entregada a su voz de selva.
Entonces el amor es inmenso,
porque amanece y soy plena,
se abren los camalotes,
rozo levemente el agua,
No sé cuándo pasó,
cuándo empecé a amar
y deje a un lado mis pretenciones de flor,
y temblé, mujer extrañando,
mujer susurrando en la espalda
del hombre vegetal,
hombre selva, que me abarca.